Washington.— El secretario de Estado de Estados Unidos,
Marco Rubio, ha ganado peso dentro de la administración de Donald Trump y
comienza a ser considerado una de las figuras con mayores posibilidades de
disputar la candidatura republicana a la Presidencia en 2028.
Su creciente influencia no sólo está relacionada con su
posición al frente de la diplomacia estadounidense. Rubio también se desempeña
como asesor de Seguridad Nacional en funciones, una combinación de
responsabilidades que no se veía en Washington desde la época de Henry Kissinger.
Desde ambos cargos, Rubio ha adquirido un papel central en
la definición de la política exterior de la administración Trump. Su visión
coloca en primer plano el principio de “Estados Unidos Primero”, con una
política exterior enfocada en los intereses estratégicos y de seguridad de
Washington.
Uno de sus principales objetivos ha sido reforzar la
atención estadounidense sobre el hemisferio occidental, particularmente frente
a problemas como la migración irregular, el narcotráfico, la situación política
de Venezuela y Cuba, así como el creciente peso de China en América Latina y el
Caribe.
Esta agenda le ha permitido convertirse en uno de los
funcionarios más visibles de la administración y, al mismo tiempo, construir un
perfil político que podría resultar atractivo para el Partido Republicano.
La posición de Rubio también tiene una dimensión
estratégica: su papel como secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional
lo coloca cerca del centro de las decisiones sobre conflictos internacionales,
relaciones con otras potencias y la política estadounidense hacia América
Latina.
