¿Adiós al efectivo? Nueva ley de economía digital abre debate sobre privacidad y vigilancia financiera en México

CIUDAD DE MÉXICO.— La digitalización de los pagos en México abrió un nuevo debate sobre la privacidad financiera, el uso del dinero en efectivo y las facultades del gobierno sobre las operaciones económicas de los ciudadanos.

El 6 de octubre de 2026, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, con 330 votos del oficialismo a favor y 122 de la oposición en contra. La propuesta busca ampliar el uso de transferencias, tarjetas bancarias, códigos QR y otras herramientas electrónicas, además de reducir gradualmente el uso del efectivo. El dictamen fue aprobado en lo general y en lo particular y enviado al Senado para continuar su trámite legislativo.

Uno de los puntos que más inquietud ha generado es la posibilidad de que la Secretaría de Hacienda determine sectores en los que los pagos electrónicos sean la única modalidad aceptada. Esta disposición plantea interrogantes sobre los criterios que se utilizarían para aplicar las restricciones y las alternativas disponibles para quienes dependen del efectivo.

La preocupación no es menor en un país donde numerosos pequeños comercios y trabajadores informales realizan buena parte de sus operaciones en efectivo. Una transición acelerada podría representar dificultades para personas sin cuentas bancarias, teléfonos inteligentes o acceso estable a internet.

Otro aspecto que merece atención es el uso de herramientas de identificación digital. El proyecto contempla la CURP Digital como mecanismo de identificación para la contratación digital de servicios financieros, aunque la información publicada sobre el dictamen señala que las personas usuarias pueden elegir ese mecanismo u otro medio de identificación oficial.

La discusión también alcanza la protección de los datos personales. Los pagos digitales pueden generar registros sobre transacciones, por lo que resulta fundamental conocer qué información podrán consultar las autoridades, bajo qué condiciones, durante cuánto tiempo se conservará y qué garantías existirán contra el acceso indebido o el uso no autorizado.

Sin embargo, es importante distinguir entre los riesgos potenciales y las facultades que efectivamente establece la legislación. La aprobación del proyecto no demuestra, por sí sola, que Hacienda vaya a tener acceso irrestricto a cada compra de los ciudadanos ni que todas las operaciones en efectivo vayan a desaparecer, pero tampoco se descartan estas opciones.

Durante el debate legislativo, representantes de la oposición advirtieron sobre los riesgos de excluir a sectores sin conectividad o servicios bancarios, así como sobre la necesidad de aclarar los alcances de las nuevas atribuciones. Los defensores de la propuesta, por su parte, sostienen que la digitalización puede facilitar los pagos, ampliar la inclusión financiera y modernizar las operaciones económicas, tal como lo impuso la Unión Europea, hoy en peligro de extinción por imposiciones de control, según los propios ciudadanos.

El desafío será garantizar que la modernización no se traduzca en nuevas barreras para los sectores más vulnerables ni debilite el derecho a la privacidad. Para ello, será necesario que las reglas de aplicación, los mecanismos de supervisión y las garantías de protección de datos sean claros y verificables. Ya que no se puede descartar que estas políticas como varias más que le antecedieron en el régimen actual, han impulsado un creciente rechazo ciudadano hacia el oficialismo.

La pregunta central no es únicamente si México debe avanzar hacia una economía más digital, sino cómo hacerlo sin excluir a millones de personas ni comprometer la privacidad de sus operaciones financieras, respetando los derechos a la privacidad que en gobiernos anteriores avanzó de manera lineal.

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