Estados Unidos endurece su discurso contra Cuba y acusa al régimen de promover influencia ideológica en su territorio

 


El gobierno de Estados Unidos intensificó sus señalamientos contra el régimen cubano al sostener que el verdadero control político y económico de la isla recae en el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), un conglomerado empresarial administrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al que atribuye el dominio de los principales sectores productivos del país.

De acuerdo con declaraciones emitidas el 2 de junio de 2026 por el secretario de Estado, Marco Rubio, GAESA concentra una parte significativa de la actividad económica cubana mediante su participación en industrias estratégicas como el turismo, la distribución de combustibles y la minería. Según la postura de Washington, este conglomerado militar tendría una influencia determinante en la administración de la economía nacional y en la toma de decisiones del Estado cubano.

Rubio afirmó que esta estructura ha permitido que los recursos generados por esos sectores permanezcan bajo control de las Fuerzas Armadas, en lugar de traducirse en mayores beneficios para la población cubana, que continúa enfrentando dificultades económicas, escasez de productos básicos y limitaciones en distintos servicios.

En un nuevo pronunciamiento, el Departamento de Estado amplió sus críticas al asegurar que el gobierno cubano también ha desarrollado durante décadas una estrategia para promover corrientes ideológicas de izquierda y el llamado tercermundismo dentro de Estados Unidos. Según la dependencia, La Habana habría buscado ejercer influencia a través de distintos mecanismos políticos, académicos y sociales, con el propósito de fortalecer movimientos afines a su visión política.

Las acusaciones forman parte de una postura más amplia de la administración estadounidense respecto al papel que Cuba desempeña en la región y en el ámbito internacional. Washington sostiene que el gobierno cubano ha mantenido una política de proyección ideológica más allá de sus fronteras, mientras continúa cuestionando el modelo político y económico vigente en la isla.

Por su parte, el gobierno de Cuba ha rechazado en reiteradas ocasiones este tipo de señalamientos, argumentando que forman parte de una política de presión impulsada por Estados Unidos para justificar el mantenimiento de sanciones económicas y el endurecimiento de las relaciones bilaterales. Las autoridades cubanas también han defendido el papel de las empresas estatales y militares como parte de su modelo económico.

Las nuevas declaraciones reflejan el persistente clima de confrontación entre Washington y La Habana, una relación marcada por décadas de diferencias políticas, restricciones comerciales y acusaciones mutuas sobre injerencia, seguridad e influencia internacional.

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