El gobierno de Estados Unidos sostuvo que Cuba ha
desarrollado durante décadas una estrategia orientada a ejercer influencia
dentro de instituciones estadounidenses y a establecer vínculos con diversos
actores políticos y sociales del país, de acuerdo con declaraciones atribuidas
al Departamento de Estado.
Según la postura oficial estadounidense, La Habana habría
logrado infiltrarse en distintos niveles de la estructura gubernamental de
Estados Unidos, además de mantener una labor de reclutamiento y formación de
activistas afines a sus intereses. Washington también afirmó que el gobierno
cubano habría brindado respaldo a organizaciones y movimientos de izquierda
involucrados en actos de violencia política dentro del territorio
estadounidense.
Las declaraciones forman parte del discurso que la
administración estadounidense ha mantenido sobre las actividades de
inteligencia y de influencia atribuidas al gobierno cubano, tema que durante
décadas ha sido motivo de tensiones diplomáticas entre ambos países.
De acuerdo con el Departamento de Estado, estas acciones
representarían una amenaza para la seguridad nacional y para las instituciones
democráticas estadounidenses, por lo que aseguró que continuará reforzando las
labores de inteligencia y vigilancia destinadas a identificar y contrarrestar
cualquier actividad que considere una injerencia extranjera.
