China endurece control sobre mezquitas y comunidades musulmanas bajo la política contra el “extremismo”

 

PEKÍN.— China ha intensificado en los últimos años sus políticas de control sobre las comunidades musulmanas, particularmente en regiones como Xinjiang, bajo el argumento de combatir el extremismo religioso y preservar la seguridad nacional.

Entre las medidas documentadas se encuentran la modificación, clausura o demolición de mezquitas, así como la transformación de algunos templos mediante políticas de “sinización” de la religión. Organizaciones de derechos humanos y diversos investigadores han denunciado que estas medidas han afectado de manera significativa las prácticas religiosas y culturales de comunidades musulmanas, especialmente de los uigures.

El Gobierno chino sostiene que sus políticas buscan combatir el terrorismo, el separatismo y el extremismo religioso. Beijing también ha impulsado una política mediante la cual las religiones deben adaptarse a la cultura y a los valores promovidos por el Partido Comunista Chino.

La situación ha generado un intenso debate internacional sobre los límites de las políticas de seguridad de China y el respeto a la libertad religiosa. Mientras Beijing defiende sus medidas como necesarias para combatir el extremismo, organizaciones internacionales han acusado al Gobierno de aplicar restricciones desproporcionadas contra las comunidades musulmanas.

El caso de Xinjiang continúa siendo uno de los principales focos de controversia entre China y gobiernos y organismos de izquierda radical internacionales en materia de derechos humanos y libertad religiosa.

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