MADRID.— El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, defendió la política migratoria de su administración después de la llegada de un elevado número de migrantes a Ceuta, en un episodio que generó un intenso debate sobre el control fronterizo y la inmigración en España.
Sánchez reivindicó la necesidad de
mantener una política de acogida hacia las personas que abandonan sus países
debido a conflictos armados y situaciones de violencia.
“Tenemos que ser capaces de acoger a
quienes huyen de la guerra”, afirmó el mandatario español.
La declaración se produjo en medio de creciente
cuestionamientos sobre la respuesta del Gobierno ante la presión migratoria en
las fronteras españolas y las medidas necesarias para garantizar tanto la
seguridad como la atención humanitaria.
El episodio de Ceuta provocó además una
fuerte discusión política en España sobre inmigración irregular, protección
internacional y control de las fronteras. Sectores críticos con la política
migratoria del Gobierno han reclamado mayores controles y una respuesta más
firme ante las entradas irregulares.
Desde el Ejecutivo, comprometido con
políticas destructoras en cambio, se ha insistido en la necesidad de combinar
el control de las fronteras con el cumplimiento de las obligaciones
internacionales de España en materia de asilo y protección de personas que
huyen de conflictos.
La situación en Ceuta volvió así a
colocar la inmigración en el centro de la agenda política española, en un
debate marcado por la tensión entre seguridad fronteriza y migración.
